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viernes, 25 de agosto de 2017

La indicación de las horas en el texto

Les comparto uno de los muchos aportes interesantes que nos ofrece Eva María Galán en su Blog "Alquibla, una mirada al mundo de las bibliotecas" : https://www.alquiblaweb.com

 

La indicación de las horas en el texto

Aug 25, 2017 08:51 am | Eva



Las indicaciones de horas tanto pueden escribirse con letras como con cifras, dependiendo ello del caso en que se encuentren. A este respecto hay que distinguir entre tiempo transcurrido, tiempo preciso para realizar algo, tiempo invertido y horarios

TIEMPO TRANSCURRIDO. Se escribe siempre con letras: Hace dos horas que te espero; Permaneció ocho horas encerrado; A las tres horas había andado seis kilómetros

TIEMPO PRECISO PARA REALIZAR ALGO. También en este caso se escribe con letras: Para leer estas pruebas se precisan como mínimo seis horas; Este trabajo requiere doce horas

TIEMPO INVERTIDO. Se escribe con cifras y las iniciales de horas (h), minutos (m., min.) y segundos (s). Se usa mucho en competiciones deportivas, se pueden escribir de varias maneras: 12 h. 25 m. 32 s. Si bien las horas y minutos se dividen en sesenta partes, o sea son sexagesimales, los segundos son decimales, y se pueden contar por décimas, centésimas y milésimas; por lo tanto se puede escribir: 12 h 25 m 32,3 para indicar tres décimas de segundo, tres centésimas de segundo y tres milésimas de segundo. No es correcto escribirlas como si fuesen grados: 12,25´32”

HORARIOS. Indican horas límites en que algo ha de realizarse: Visita: de 9.00 a 12.00 y de 4.30 a 8.00; Salida: 10:30; llegada, 19.20. Se escriben con cifras y su correspondiente acompañamiento de ceros.

LAS HORAS EN OBRAS LITERARIAS. En las obras literarias las expresiones de horas se escriben en todos los casos con letras, especialmente por lo que respecta a los párrafos 1-3 anteriores. Imagínese la redundancia que resultaría de escribir: Quedamos citados a las 3.00 en punto; en primer lugar, si escribimos 3.00 son en punto, por lo cual sobraría esa especificación; en segundo lugar, las obras literarias no se prestan a números en cifras salvo casos excepcionales. Lo correcto, pues, será escribir: quedamos citados a las tres en punto.

PUNTUACIÓN EN LAS EXPRESIONES DE HORAS. Dice Ramón Martínez que debería escribirse 6.5 para indicar las seis horas cinco minutos, en contra de la costumbre equivocada de escribir 6.05. Está en lo cierto este autor, puesto que en este caso, al n o operar un cero que no ocupa, ciertamente, el lugar de las décimas, puesto que como sabemos las horas no las tienen. Sin embargo, a estas alturas nadie ha de seguir tal norma. Existe, no obstante, un medio de evitar la confusión con los decimales; usar punto en vez de coma para separar los enteros de las fracciones; efectivamente, muchas personas escriben hoy día 6,05 con una coma que está fuera de lugar, puesto que la fracción no es decimal en este caso; lo correcto, pues, como ya se hace es escribir las fracciones con punto; 6.05; de esta forma se obvia cualquier malentendido acerca de la expresión numérica de las horas.

(Diccionario de tipografía y del libro. José Martínez de Sousa. Madrid: Paraninfo, 1981)

FUENTE:   Galán, E. (25 de agosto de 2017). La indicación de las horas en el texto. [Entrada en blog].    Alquibla, una mirada al mundo de las bibliotecas. Recuperado de https://www.alquiblaweb.com/2017/08/25/la-indicacion-las-horas-texto/

sábado, 23 de mayo de 2015

Qué se busca al leer?

Fuente:  Eva maría Galán,  en  "Alquibla, una mirada al mundo de las bibliotecas"
                 http://www.alquiblaweb.com/2015/05/20/que-se-busca-al-leer/


Se ha escrito bastante sobre la relación entre el psiquismo del autor, las pulsiones y el acto creativo. Sin embargo, es mucho menor la bibliografía dedicada a mirar el proceso en sentido inverso, es decir, a elaborar tanto la motivación y lo que le sucede al lector durante la lectura, como las razones del sujeto en este proceso, pues también hay deseo involucrado en el acto de leer.
En primer lugar, mediante la lectura se obtiene información y esta información ha de ser comprendida y asimilada por el lector para su posterior aprendizaje.  De esta manera, la persona crece intelectualmente. Una parte muy importante del conocimiento la obtenemos de los documentos escritos: estén en formato de papel o en un soporte electrónico. La lectura, por tanto, se convierte en el mejor recurso para desenvolvernos en esta sociedad del conocimiento, nos libra de la ignorancia y del desconocimiento.
En segundo lugar, en el acto de leer, buscamos recrearnos en la propia lectura, es decir, dejarnos llevar por la imaginación. Este hecho produce placer en el lector y desarrolla el potencial de la persona.
Si partimos de la base de que la literatura es ficción, por extensión, la lectura también es ficción. Cuando se lee se está interiorizando una ficción y la escucha de ficciones se adentra en la propia constitución del ser humano. El hombre se elabora a través del desarrollo de varias capacidades, entre ellas la de verbalizar y escuchar historias ficticias. Se puede decir que la literatura se inventó por el sentido de existir. El hombre escucha historias y al hacerlo se cuenta a sí mismo. Observar la vida de otros, sentir y dar razones y explicaciones sobre vidas ajenas es también una manera de comprender la vida propia.
La ficción es una evasión y como tal nace de un deseo de desarrollar la imaginación y transportar al lector a otra realidad. Por tanto, la ficción aleja al lector de su mundo y lo lleva a otro. Se trata de una proyección que realiza el lector durante la lectura en cuanto a sus anhelos y esperanzas, sus miedos, sus pasiones y todo aquello que lo constituye como ser humano. Es decir, en la ficción el sujeto multiplica su vida, pues le permite vivir otras vidas y otros mundos sin salir de él mismo.
En este sentido, ese carácter de evasión mediante la ficción nos produce un goce, de ahí que la búsqueda de placer es la principal motivación psicológica que lleva a producir o recibir representaciones ficticias (Alonso, 2005).
El lector, frecuentemente, recurre a una elaboración fantaseada de su propia situación, por tanto, al soñar se inventa a sí mismo y a veces es el único modo de hacer que el deseo asome a su vida.
Además, al leer novelas no sólo se corrige o suplanta una realidad, sino que se vive una pluralidad de vidas y se ensancha la propia. Desde la melancolía de lo que pudo ser y no fue, nos enfrentamos a la muerte, al peligro, a las pérdidas, a la rutina. El lector de ficciones se representa a sí mismo como otro en ese mundo ficticio.
Por último, se lee para participar activamente en la sociedad. La lectura se convierte, de esta manera, en un elemento integrador. La lectura es una actividad que hace libres a las personas y que permite avanzar hacia la emancipación y los derechos. Las exigencias de la actual sociedad del conocimiento hacen necesario el fomento de la lectura. El conocimiento nos permite desenvolvernos en esta sociedad y convertirnos en personas autónomas.