31/05/2017 LITERATURA
Javier Planas: "Las bibliotecas siguen dando una riqueza extra a los vínculos"
En "Libros, lectores y sociabilidades de lectura", el investigador y docente narra la conformación de las bibliotecas populares en la Argentina, da cuenta del rol de Sarmiento en 1870 en la sanción de la ley 419 de protección y fomento a esas instituciones, y permite advertir las formas de lectura que se fueron imponiendo en nuestro país.
En "Libros, lectores y sociabilidades de lectura", el investigador y docente Javier Planas narra la conformación de las bibliotecas populares en la Argentina, da cuenta del rol de Sarmiento en 1870 en la sanción de la ley 419 de protección y fomento a esas instituciones, y permite advertir las formas de lectura que se fueron imponiendo en nuestro país.
"Las bibliotecas están en el medio de la construcción del Estado en su faz más burocrática y con la idea de instalar las instituciones del Estado nacional en las provincias", resalta Planas, licenciado en bibliotecología y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de La Plata (UNLP), que comenzó a investigar este tema a partir de "una conferencia de Sarmiento en 1887, un año antes de su muerte, en el que hace un balance general y transita su carrera ligada a las bibliotecas populares".
Planas (Trenque Lauquen, 1983), también docente de la cátedra de historia del libro en la UNLP, y desde hace dos meses director del área de investigaciones que depende del área de cultura de la Biblioteca Nacional, explica, en diálogo con Télam, el contexto en el que se gesta la ley 419 y asegura que "había una gran parte de la población analfabeta y hay una gran distancia entre lo que es la cultura oral y los letrados o quienes tienen niveles de alfabetización".
-Télam: ¿Por qué Sarmiento es una figura central en el libro?
-Javier Planas: Fue quien empezó a impulsar este tema en Chile en 1840 fundando bibliotecas populares y se encontró con un problema central que era la Iglesia católica, muy conservadora y reacia a la introducción de lo que sería el liberalismo y la disputa por cuales eran los libros seleccionados. En la Argentina cuando se discute la ley de bibliotecas populares la discusión era la misma: qué libros iba a distribuir el Estado en estas instituciones. Y esa experiencia de Chile le da a Sarmiento la idea de que ni el Estado ni la Iglesia pueden imponer qué colecciones van a tener esas bibliotecas. Para él los que organizan las bibliotecas son quienes están en mejores condiciones para decidir qué se necesita en cada lugar.
-T: ¿Cómo se gesta la idea de las bibliotecas populares en Sarmiento?
-J.P.: El modelo de sociedad de Sarmiento se inspira en sus viajes por Norteamérica, con todo el andamiaje institucional que eso implicaba. El entendía que el comercio del libro necesitaba una demanda y en el interior no había nada parecido a las librerías como sucedía en Buenos Aires. Las bibliotecas están en el medio de la construcción del Estado en su faz más burocrática y de poner las instituciones del Estado nacional en las provincias. Incluso muchos de los libros de las bibliotecas estaban habilitados para su venta y un lector podía comprarse el libro y con ese dinero el libro se reponía en la próxima compra.
-T: La ley 419 de bibliotecas populares es de 1870. ¿Cómo describirías ese contexto histórico?
-J.P.: En 1870 en la Argentina había una gran parte de la población analfabeta y hay una gran distancia entre lo que es la cultura oral y los letrados o quienes tienen niveles de alfabetización. Entonces pasó algo lógico, que fue que quienes organizaron esas bibliotecas lo hicieron de acuerdo a sus gustos estéticos políticos e ideológicos, sin intromisión del Estado, pero con un estatuto más mesocrático que popular.
-T: La ley de Bibliotecas populares termina siendo derogada. ¿Qué postura tomó Sarmiento?
-J.P.: Sarmiento reniega de conflictos con la comisión y de las selecciones que hicieron en las bibliotecas diciendo que tendrían que haber elegido otros libros. La derogación de la ley se da en el marco de una de las grandes crisis de orden mundial que es la que va de 1873 al 86, con las mismas respuestas que se dieron cíclicamente en la historia argentina donde se decide reducir el gasto público y pagar la deuda. En esa reducción del gasto público se recorta lo presupuestado para las bibliotecas.
-T: En el libro hay una frase de Sarmiento en la que dice que "no hay que culpar a nadie de que no lea", y dice que "la falta está en el que pone a su alcance solo libros llamados buenos"...
-J.P.: La disputa en ese momento era por quién cerraba los catálogos. Las bibliotecas terminaban comprando más literatura de folletín que otra cosa, porque eso gustaba a los lectores. Sarmiento ahí tiene un problema de concepto: dice que se compre lo que los lectores quieran para que lean, pero también decía que había que alimentar cierta bibliografía. En esa época no había especialistas en promoción de la lectura, el presidente de la comisión protectora de bibliotecas populares, que era un cargo honorífico, era el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que era un punto clave de casi toda la organización económica de todo el país. Eso es típico del siglo XIX, cuando los funcionarios cumplían múltiples funciones.
-T: ¿Cómo eran las prácticas sociales de lectura?
-J.P.: Las bibliotecas funcionaban como modo de socialización de inmigrantes que venían con muy diversas experiencias. Por ejemplo, en la biblioteca de Chivilcoy, creada por Dorotea Duprat, una francesa que se instaló en Paraguay y luego escapó con su familia a esa ciudad bonaerense, se hacían reuniones de noche, en las que se leía y discutía. Eran abiertas pero hasta cierto punto, ya que en general cultivaban una sociabilidad en las que sectores de la cultura popular no participaban o lo hacían a cuentagotas. Desde las bibliotecas había una intención de mezclar esa sociabilidad pero eran dos sistemas muy distintos.
-T: La ley de bibliotecas se restituye en 1910. ¿Por qué sucedió esto?
-J.P.: Una de las razones por las que el Estado argentino en 1910 restituye la ley es porque lo hace como una suerte de reacción conservadora, ya que ven que los espacios contrarios a su ideología como los anarquistas y los socialistas están formando bibliotecas.
-T: ¿Cómo describirías la vida de las bibliotecas populares en los últimos años?
-J.P.: Lo que cuesta es sostenerlas en el tiempo, muchas son financiadas por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). A veces tienen un anclaje territorial fuerte pero después esos barrios cambian y la biblioteca pierde visibilidad. Sin embargo, las bibliotecas siguen dando una riqueza extra a los vínculos de sociabilidad, ya que en muchos de los pueblos hay una sola y por allí pasa gran parte de las actividades sociales de los habitantes. Lo que nunca se pudo hacer es montar un sistema de bibliotecas públicas. Esto es: que se haga cargo el Estado de las compras y el pago al personal.
Para leer el cable de la nota acceder a: http://cablera.telam.com.ar/cable/513387/javier-planas-las-bibliotecas-siguen-dando-una-riqueza-extra-a-los-vinculos-de-sociabilidad
"Las bibliotecas están en el medio de la construcción del Estado en su faz más burocrática y con la idea de instalar las instituciones del Estado nacional en las provincias", resalta Planas, licenciado en bibliotecología y doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de La Plata (UNLP), que comenzó a investigar este tema a partir de "una conferencia de Sarmiento en 1887, un año antes de su muerte, en el que hace un balance general y transita su carrera ligada a las bibliotecas populares".
Planas (Trenque Lauquen, 1983), también docente de la cátedra de historia del libro en la UNLP, y desde hace dos meses director del área de investigaciones que depende del área de cultura de la Biblioteca Nacional, explica, en diálogo con Télam, el contexto en el que se gesta la ley 419 y asegura que "había una gran parte de la población analfabeta y hay una gran distancia entre lo que es la cultura oral y los letrados o quienes tienen niveles de alfabetización".
-Télam: ¿Por qué Sarmiento es una figura central en el libro?
-Javier Planas: Fue quien empezó a impulsar este tema en Chile en 1840 fundando bibliotecas populares y se encontró con un problema central que era la Iglesia católica, muy conservadora y reacia a la introducción de lo que sería el liberalismo y la disputa por cuales eran los libros seleccionados. En la Argentina cuando se discute la ley de bibliotecas populares la discusión era la misma: qué libros iba a distribuir el Estado en estas instituciones. Y esa experiencia de Chile le da a Sarmiento la idea de que ni el Estado ni la Iglesia pueden imponer qué colecciones van a tener esas bibliotecas. Para él los que organizan las bibliotecas son quienes están en mejores condiciones para decidir qué se necesita en cada lugar.
-T: ¿Cómo se gesta la idea de las bibliotecas populares en Sarmiento?
-J.P.: El modelo de sociedad de Sarmiento se inspira en sus viajes por Norteamérica, con todo el andamiaje institucional que eso implicaba. El entendía que el comercio del libro necesitaba una demanda y en el interior no había nada parecido a las librerías como sucedía en Buenos Aires. Las bibliotecas están en el medio de la construcción del Estado en su faz más burocrática y de poner las instituciones del Estado nacional en las provincias. Incluso muchos de los libros de las bibliotecas estaban habilitados para su venta y un lector podía comprarse el libro y con ese dinero el libro se reponía en la próxima compra.
-T: La ley 419 de bibliotecas populares es de 1870. ¿Cómo describirías ese contexto histórico?
-J.P.: En 1870 en la Argentina había una gran parte de la población analfabeta y hay una gran distancia entre lo que es la cultura oral y los letrados o quienes tienen niveles de alfabetización. Entonces pasó algo lógico, que fue que quienes organizaron esas bibliotecas lo hicieron de acuerdo a sus gustos estéticos políticos e ideológicos, sin intromisión del Estado, pero con un estatuto más mesocrático que popular.
-T: La ley de Bibliotecas populares termina siendo derogada. ¿Qué postura tomó Sarmiento?
-J.P.: Sarmiento reniega de conflictos con la comisión y de las selecciones que hicieron en las bibliotecas diciendo que tendrían que haber elegido otros libros. La derogación de la ley se da en el marco de una de las grandes crisis de orden mundial que es la que va de 1873 al 86, con las mismas respuestas que se dieron cíclicamente en la historia argentina donde se decide reducir el gasto público y pagar la deuda. En esa reducción del gasto público se recorta lo presupuestado para las bibliotecas.
-T: En el libro hay una frase de Sarmiento en la que dice que "no hay que culpar a nadie de que no lea", y dice que "la falta está en el que pone a su alcance solo libros llamados buenos"...
-J.P.: La disputa en ese momento era por quién cerraba los catálogos. Las bibliotecas terminaban comprando más literatura de folletín que otra cosa, porque eso gustaba a los lectores. Sarmiento ahí tiene un problema de concepto: dice que se compre lo que los lectores quieran para que lean, pero también decía que había que alimentar cierta bibliografía. En esa época no había especialistas en promoción de la lectura, el presidente de la comisión protectora de bibliotecas populares, que era un cargo honorífico, era el presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, que era un punto clave de casi toda la organización económica de todo el país. Eso es típico del siglo XIX, cuando los funcionarios cumplían múltiples funciones.
-T: ¿Cómo eran las prácticas sociales de lectura?
-J.P.: Las bibliotecas funcionaban como modo de socialización de inmigrantes que venían con muy diversas experiencias. Por ejemplo, en la biblioteca de Chivilcoy, creada por Dorotea Duprat, una francesa que se instaló en Paraguay y luego escapó con su familia a esa ciudad bonaerense, se hacían reuniones de noche, en las que se leía y discutía. Eran abiertas pero hasta cierto punto, ya que en general cultivaban una sociabilidad en las que sectores de la cultura popular no participaban o lo hacían a cuentagotas. Desde las bibliotecas había una intención de mezclar esa sociabilidad pero eran dos sistemas muy distintos.
-T: La ley de bibliotecas se restituye en 1910. ¿Por qué sucedió esto?
-J.P.: Una de las razones por las que el Estado argentino en 1910 restituye la ley es porque lo hace como una suerte de reacción conservadora, ya que ven que los espacios contrarios a su ideología como los anarquistas y los socialistas están formando bibliotecas.
-T: ¿Cómo describirías la vida de las bibliotecas populares en los últimos años?
-J.P.: Lo que cuesta es sostenerlas en el tiempo, muchas son financiadas por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). A veces tienen un anclaje territorial fuerte pero después esos barrios cambian y la biblioteca pierde visibilidad. Sin embargo, las bibliotecas siguen dando una riqueza extra a los vínculos de sociabilidad, ya que en muchos de los pueblos hay una sola y por allí pasa gran parte de las actividades sociales de los habitantes. Lo que nunca se pudo hacer es montar un sistema de bibliotecas públicas. Esto es: que se haga cargo el Estado de las compras y el pago al personal.
Para leer el cable de la nota acceder a: http://cablera.telam.com.ar/cable/513387/javier-planas-las-bibliotecas-siguen-dando-una-riqueza-extra-a-los-vinculos-de-sociabilidad
FUENTE : Literatura. (31 de mayo de 2017). Javier Planas: "Las bibliotecas siguen dando una riqueza extra a los vínculos." Télam. Recuperado de http://www.telam.com.ar/notas/201705/190853-javier-planas-las-bibliotecas-siguen-dando-una-riqueza-extra-a-los-vinculos.html
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